La Teta, el Amor y la Culpa (segunda parte – estudio transgeneracional)

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Mi (des)encuentro personal con la lactancia materna fue bastante frustrante. Hace casi un año escribí un post sobre mi experiencia  y creo que exteriorizarlo y escuchar la historia de mi prima, que además de mamá es consejera de lactancia, me ayudó mucho (si deseas puedes leerlo aquí)

Poco tiempo después una querida amiga me habló de Enric Corbera, un psicólogo catalán que se dedica a enseñar Un Curso De Milagros (UCDM) y como es un libro que me apasiona, comencé a seguirle la pista. Me vi todas sus conferencias, algunas varias veces. Descubrí que el enfoque que hacía del libro y su aplicación en la práctica era a través de la Bioneuroemoción, ciencia que de alguna manera busca dar sentido a las circunstancias que se repiten como patrones en nuestra vida, así como el mensaje escondido detrás de cada síntoma o enfermedad que nos aqueja.

Me dediqué a estudiar, leer e investigar muchos de los autores que el mismo Corbera recomienda en sus conferencias, aprendí a hacer el estudio transgeneracional de mi árbol genealógico y aunque solo sabía calcularlo de manera muy básica y hasta intuitiva, me dio pistas muy valiosas acerca del para qué de muchas de las circunstancias y vivencias a lo largo de mi vida.

Es un tema bastante complejo pero comencemos por el principio. A diferencia de los hombres, en quienes los espermatozoides comienzan a producirse a partir de la pubertad y continúan durante toda la vida adulta, en el caso de la mujer, ésta nace con una dotación ya establecida de ovocitos que van desapareciendo de forma que al llegar a la pubertad quedan aproximadamente unos 300 mil óvulos en los ovarios. En cada ciclo menstrual se desarrollará un ovocito hasta la ovulación y unos 1.000 se perderán. De esta forma, a los 35 años queda aproximadamente el 10% de los óvulos.

Lo fascinante de todo esto y que me ha resultado sumamente revelador e impactante y en lo que jamás se me hubiese ocurrido pensar es que, al momento de un madre gestar a una niña, lleva también en su vientre los óvulos de su hija, lo que quiere decir que es portadora durante 9 meses de parte de la carga genética de 2 generaciones (su hija y los posibles hijos de su hija). La importancia de todo esto radica, en la inmensa responsabilidad de la mujer como transmisora de información no solo genética, sino también epigenética, ciencia que establece que el medio ambiente, las emociones así como otros factores pueden influir y modificar la expresión de nuestro ADN,  por lo que debemos ser muy cuidadosas y observadoras de nuestras emociones, sentimientos y pensamientos durante la etapa de gestación ya que, al menos de acuerdo a la epigenética, quedará grabado en el código celular de las siguientes generaciones.

A mi toda esta información realmente me ha causado un gran impacto y no he podido dejar de asociarlo de inmediato con las muñecas matrioskas que se contienen unas a otras en un ciclo sin fin.

Ahora bien, llevemos esto a la práctica porque nada mejor para visualizar y entender algo que con el ejemplo, para ello les comparto de manera muy simplificada la historia de las mujeres de mi clan, luego de un estudio muy básico de mi transgeneracional. De momento tocaremos solo lo relacionado con la lactancia y sin entrar en demasiados detalles, por un lado para no hacer tan pesado el relato y por otro porque realmente no es necesario.

Comienzo por contarles que tengo muy poca información acerca de mi bisabuela materna. Solo se que sufrió mucho con la muerte de mi bisabuelo, encerrándose en sí misma. Mi abuela materna, con quien de acuerdo a mi árbol genealógico, estoy en línea maestra, tuvo 5 hijos, todos parto natural y amamantados con mucho dolor. No hace mucho me contó que se le agrietaban y se le rompían los pezones e incluso le sangraban, pero continuó estóicamente con su deber de madre. Recuerdo que me lo contó como quien cuenta cualquier historia trivial. “Tenía los pezones rotos, me sangraban, pero no pasa nada”. Había un cierto toque de orgullo como quien valientemente logra vencer una situación difícil y eso si ha tenido mi abuela, siempre ha sido una mujer muy fuerte. Pero que logres superar un desafío no borra los sentimientos y emociones experimentados durante el proceso. El dolor y sufrimiento asociado a la lactancia materna no es algo que mi abuela o mi mamá me hubiesen enseñado verbalmente, de hecho, eran cosas de las que no se solía hablar en casa. Yo no me enfrenté a la lactancia pensando que podría doler, ni siquiera lo imaginaba. Solo sabía que mi mamá no me había podido amamantar porque nunca me prendí bien del pecho y si bien mi hermano si tuvo buen agarre, ninguno de los dos fue amamantado más allá de los 3 meses y que no fue lactancia materna exclusiva.

Ahora bien, por mi parte y sin que hubiese ningún tipo de  impedimento físico, se me presenta entonces a mi también la dificultad para amamantar a mis dos hijos.  De hecho con mi segunda hija literalmente chorreaba leche, sin embargo y a pesar de eso, no pude lograr una lactancia materna exitosa más allá del 3er mes, como les comentaba en mi post anterior.

Observar como se repetía el patrón comencé a hacerme ciertas preguntas que me llevaron a mi abuela y ese dolor silencioso que queda impreso en la memoria celular de su descendencia. Sería posible que yo aun siendo un bebé, no me prendiera al pecho de mi madre porque la sabiduría ancestral grabada en mi ADN me impulsaba a protegerla del dolor?

Muchos científicos y psicoanalistas afirman que el 95% de nuestras vivencias están controladas por el inconsciente, lo que Carl Jung denominaba “la sombra”. Esa parte de nuestra mente que desconocemos pero que nos impulsa a tomar ciertas decisiones o caminos de manera automática y programada. Mientras tanto, pensamos que elegimos de manera consciente y que las cosas que nos pasan solo forman parte de nuestro destino, suerte o karma.

Cada emoción, cada sentimiento, cada alegría, cada enfado, queda codificado en nuestras células y las células de nuestra descendencia heredándoles así, no solo el color de ojos, de piel, la propensión a determinadas enfermedades, sino también miedos, frustraciones, fobias y todo lo que sea necesario para proteger y salvaguardar al clan. En el caso particular de la lactancia materna, la descendencia de mi abuela llevaba una información precisa, evitar el sufrimiento que producía amamantar.

Lo mismo sucede con cualquier área de nuestra vida en la que veamos que se repiten patrones o que se presentan circunstancias que no podemos entender.

Evidentemente esto es un esbozo muy superficial del tema y obviamente puede quedar sujeto a cuestionamientos porque, si bien he podido constatar esta información a través de multiples experiencias propias y de personas cercanas, podría argumentarse también que la mente es altamente selectiva y que percibe todo aquello que pertenezca al mundo de sus creencias, interpretándolo de acuerdo a ellas y haciéndolo real así para el observador, pero lo que si tengo muy claro es que la lactancia materna no es una experiencia que permite alimentar al niño únicamente de manera nutricional sino también y sobre todo, emocionalmente. Es un ritual mágico de placer y bienestar a través del cual se produce un intercambio entre dos almas que ocupan el mismo espacio emocional.

Si estás amamantando a tu bebé y sientes dolor, pide ayuda o asesoría. No soportes el sufrimiento con la falsa creencia del sacrificio que toda madre le debe a sus hijos, porque será eso lo que en última instancia estarás transmitiendo y, si te parece lógico o crees que pueda ser posible lo que te cuento, no está de más que observes, indagues y hagas preguntas sobre las mujeres de tu tribu, acerca de sus experiencias, sus gustos, alegrías y penas, quizás logres dar con algunas respuestas o en el peor de los casos sabrás un poco más de las personas que te antecedieron.

Ahora bien, muchos se preguntarán, qué hacer con esa información? Cómo se puede cambiar el curso de la historia? Estamos condenados a pagar el precio de nuestra carga transgeneracional? pues el primer paso es tomar conciencia. Entender que nuestros ancestros hicieron lo mejor que pudieron de acuerdo a las creencias y paradigmas de la época y hasta su propia carga genética heredada, perdonar y soltar lo que nos resulte doloroso y tratar de comprender e integrar el mensaje que viene a darnos.

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